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¿El fin de los progresismos latinoamericanos?
Política

América Latina atraviesa un nuevo giro político hacia la derecha tras dos ciclos progresistas

Natalia Rodriguez Altamar

El cambio de orientación política de la región se produce después de las experiencias de los gobiernos progresistas de comienzos del siglo XXI y de una segunda ola de izquierda entre 2021 y 2022. Seguridad, economía, desgaste político y polarización aparecen entre los factores que explican el nuevo escenario.

América Latina atraviesa una nueva etapa de predominio de gobiernos y movimientos de derecha, después de dos ciclos en los que las fuerzas progresistas tuvieron un papel central en la política regional. El cambio se ha producido de manera desigual entre los países y responde a contextos económicos, sociales y políticos diferentes.

El proceso tiene antecedentes en las transiciones democráticas de finales del siglo XX, cuando la derecha mantuvo una posición dominante en buena parte de la región. Posteriormente, la reconversión industrial, la caída del bloque socialista y la expansión de las políticas neoliberales modificaron el escenario de las izquierdas latinoamericanas.

A finales de los años noventa y comienzos del siglo XXI surgieron coaliciones progresistas que lograron capitalizar el descontento social con los gobiernos de entonces. El crecimiento de las economías latinoamericanas, impulsado en buena medida por las exportaciones de materias primas, permitió a varios de estos gobiernos ampliar programas sociales y aplicar políticas redistributivas.

La primera ola progresista

Gobiernos como los de Hugo Chávez en Venezuela, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y Evo Morales en Bolivia impulsaron diferentes programas de inclusión social, redistribución del ingreso y mayor participación estatal en la economía.

En Venezuela, el denominado “Socialismo del siglo XXI” desarrolló programas sociales conocidos como Misiones Bolivarianas, dirigidos a áreas como alfabetización, salud y alimentación.

En Brasil, los gobiernos de Lula implementaron programas como Bolsa Familia, Hambre Cero y Universidad para Todos, además de incrementos del salario mínimo. En Bolivia, Evo Morales impulsó la nacionalización de los hidrocarburos, reformas institucionales y una nueva Constitución que reconoció al país como un Estado plurinacional.

México siguió una trayectoria diferente. Mientras buena parte de América Latina giraba hacia la izquierda, el país estuvo gobernado primero por el Partido Acción Nacional y posteriormente por el Partido Revolucionario Institucional, hasta la llegada de Andrés Manuel López Obrador y Morena en 2018.

Sin embargo, el primer ciclo progresista también enfrentó límites estructurales. El modelo económico basado en la exportación de materias primas continuó siendo predominante y los gobiernos no lograron transformar de manera profunda la estructura productiva de la región.

El regreso de las derechas

El final del auge de las materias primas coincidió con un cambio en las preferencias electorales. Mauricio Macri llegó a la presidencia de Argentina en 2015 y, un año después, Dilma Rousseff dejó la presidencia de Brasil tras el proceso de juicio político que puso fin a los gobiernos consecutivos del Partido de los Trabajadores.

Posteriormente llegaron al poder Sebastián Piñera en Chile, Lenín Moreno en Ecuador, Iván Duque en Colombia y Jair Bolsonaro en Brasil. En 2019, Nayib Bukele ganó las elecciones presidenciales en El Salvador.

La tendencia volvió a modificarse entre 2021 y 2022, cuando Gabriel Boric en Chile, Pedro Castillo en Perú y Gustavo Petro en Colombia llegaron al poder, mientras Lula da Silva regresó a la presidencia de Brasil. Posteriormente, Bernardo Arévalo ganó las elecciones en Guatemala y Yamandú Orsi hizo lo propio en Uruguay.

Esta segunda ola progresista, sin embargo, encontró un escenario distinto al de comienzos de siglo: economías con menor margen fiscal, sociedades más polarizadas, mayor peso de las derechas en los congresos y tribunales y una creciente preocupación ciudadana por la seguridad.

La nueva derecha gana espacio

Durante los últimos años, la seguridad, el combate contra el crimen organizado, la reducción del gasto público y el rechazo a los gobiernos progresistas han adquirido mayor peso en distintas campañas electorales.

Daniel Noboa en Ecuador, Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Laura Fernández en Costa Rica, Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia forman parte del nuevo escenario político regional.

El avance, no obstante, no representa un bloque político completamente homogéneo. Investigadores del CIDOB señalan que las derechas latinoamericanas tienen diferencias importantes entre sí, aunque comparten algunos temas, especialmente la centralidad de la seguridad y el cuestionamiento a las élites políticas tradicionales.

La elección de De la Espriella en Colombia en 2026 se sumó a esta tendencia. Análisis publicados después de los comicios han señalado que Colombia pasó a formar parte de un grupo de países latinoamericanos gobernados por fuerzas de derecha o centroderecha.

Un escenario todavía abierto

El actual mapa político latinoamericano sigue teniendo importantes excepciones. Brasil continúa bajo el gobierno de Lula da Silva y México mantiene un gobierno encabezado por Morena. Guatemala y Uruguay también presentan gobiernos de orientación distinta a la predominante en otros países de la región.

Por ello, especialistas advierten que hablar de un giro uniforme de toda América Latina hacia la derecha puede simplificar una realidad política marcada por diferencias nacionales. El CIDOB señala que las elecciones recientes han sido competitivas y que los nuevos gobiernos de derecha no pueden considerarse un bloque homogéneo.

El escenario regional continuará condicionado por los próximos procesos electorales y por la capacidad de los distintos gobiernos para responder a problemas como la inseguridad, el bajo crecimiento económico, la desigualdad y el desgaste de las instituciones políticas.

En ese contexto, América Latina entra en una nueva etapa de alternancia entre proyectos políticos de izquierda y derecha, en la que las condiciones económicas, la seguridad y el descontento ciudadano tendrán un papel determinante en la configuración del mapa político regional.

Natalia Rodriguez Altamar

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